La leyenda de Viriato

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Viriathus

 

Viriato —o Viriathus en latín, tal como fue recogido en las fuentes romanas— (muerto en 139 a. C.) fue un líder lusitano que hizo frente a la expansión de Roma en Hispania a mediados del siglo II a. C. en el territorio suroccidental de la Península Ibérica, dentro de las llamadas guerras lusitanas. Su posición al frente de los lusitanos tenía al parecer una naturaleza electiva, es decir, no era hereditaria, sino que se debía a sus éxitos militares.​ Se le ha llegado a considerar como «el terror de Roma».

 

 

Según la mayor parte de las fuentes, Viriato era un pastor que se hizo cazador y soldado, guerrero y líder carismático, con buena capacidad para la oratoria. Gran estratega y hombre sobrio. Viriato empleaba una táctica de guerrillas, realizando emboscadas en terrenos abruptos y angostos a los ejércitos romanos y valiéndose de la noche y el uso de caminos desconocidos para la huida, además de mantener a sus tropas en constante movimiento.​ No buscaba el ataque directo ni la conquista duradera de los territorios enemigos, sino el saqueo y la captura de botines.​ Empleaba el recurso de la huida fingida del campo de batalla, para después asestar ataques emboscados al enemigo, que lo perseguía de forma desordenada, así como el de atacar con pequeños contingentes militares a las legiones romanas para despistarlas y permitir la huida del grueso de su ejército.

Movimientos de Viriato en la península Ibérica

 

Tras sus campañas de guerra contra el invasor romano, Viriato se instaló en el Monte de Venus. La referencia en cuestión dice lo siguiente: «cruzó el río Tajo y acampó en un monte cubierto de olivos, llamado monte de Venus.» desde el que dominaba todo el valle del Tajo, por el lugar de donde venía, siguiendo las crónicas debió cruzar el río Tajo de sur a norte, con lo parece casi seguro que se encontraba en algún lugar del Sistema Central. De ahí que no sólo se maneje la hipótesis de que el Monte de Venus se sitúe en la actual Sierra de San Vicente, aunque si es la más apoyada.

Sierra de San Vicente desde el valle del Tajo

 

La leyenda cuenta cómo Viriato tras no conseguir derrotar al invasor romano, llega a un acuerdo de paz con el pretor Galba, mediante el cual se reparten las tierras y su labranza. Sin embargo Quinto Servilio Cepión, alegando que el tratado era desfavorable a los intereses de Roma, convenció al Senado de atacar a Viriato, primero de forma encubierta y después retomando la guerra abiertamente.

El ejercito luso estaba en clara minoría por lo que Viriato opta por huir y manda a tres consejeros para volver a negociar un marco de paz y evitar una nueva guerra.

La muerte de Viriato, José Villegas Cordero

Cepión preparó todo para recibir a los embajadores lusitanos con grandes honores: les agasajó con halagadoras promesas de cargos y riquezas sin fin y acabó por engañarles y comprometerles a dar muerte a su propio jefe. Al volver a su campamento después de la reunión con Cepión, estos lo mataron mientras dormía. ​

Cual fue su sorpresa, que cuando fueron a cobrar la recompensa, Cepión se la habría negado con la frase: «Roma traditoribus non praemiat», esto es, «Roma no paga a traidores».​

 

Por su parte Cepión, volvió victorioso a Roma pero el Senado le negó el triunfo por haber vencido a Viriato mediante intrigas y no a través de una victoria militar

Viriato recibió por parte del ejército lusitano un magnífico funeral, en el que fue incinerado, con la realización de distintos sacrificios animales y más de doscientos combates en honor al fallecido.

 

 

 

Referencias:

  • Del libro “Historia y Leyenda”. Editorial S.M. Madrid 1972. Libro de lectura
  •  Appia. Hisp. 70, 75, 76; Liv. Epit 54; Flor. ii 17; Eutrop. iv 16; Oros. v. 4; Vell. Pat. ii 1; Val Máx. ix 6. § 4; Aurel. Vict. de Vir. Ill. 71; Diod. xxxii Ecl. 4
  • Orosio, 5,4,14; Apiano, Ib. 71; Eutropio, 4,16,3; Livio Per. Oxyrh. 201